Hedo Turkoglu es un jugador atípico. Llegó con 21 años a la mejor liga del mundo tras ser elegido por los Sacramento Kings en el puesto 16 del Draft del año 2000. Sin apenas experiencia en el baloncesto europeo, apenas un par de temporadas en el Efes Pilsen turco, ha ido haciéndose un hueco desde que llegó, creciendo y creciendo como jugador año tras año.
Tuvo la suerte de recalar en un equipo, Sacramento Kings, que se encontraba en clara progresión. Fueron mejores años en la historia de la franquicia californiana con aquel quinteto siempre recordado formado por Bibby, Christie, Stojakovic, Webber y Divac, y con Bobby Jackson y él mismo saliendo desde el banquillo. Después del Europeo 2001 celebrado en su país y y entrados en la temporada 2001-2002, la de la mítica eliminatoria de Playoffs contra los Lakers, fue finalista al premio por el Mejor Sexto Hombre de la NBA.
Pero fue a partir de la temporada 2004-2005 y tras su fichaje por los Orlando Magic y su boda en julio de 2005, cuando su juego dio el salto de calidad previo a su explosión definitiva que ha tenido lugar este año. Esta madrugada ha logrado su segundo triple-doble de la temporada y de su carrera demostrando que ya no es ese sexto hombre sino alguien fundamental para su equipo.
Bajo la dirección de Stan Van Gundy, los Magic están firmando la mejor temporada desde que Shaquille O’Neal abandonara la franquicia de Florida, y Turkoglu se está mostrando como la ayuda perfecta de Dwight Howard. Sus números, 19,6 puntos, 6,10 rebotes y 4,9 asistencias, no dejan indiferente a nadie y son sus máximos como profesional. Cierto es que el estilo de juego de los Magic, todos abiertos y la referencia Howard en la pintura, le beneficia, pero no puede restar mérito alguno al temporadón del turco.
Todos los días voy a poner algún enlace para poder revivir algunos de los mejores momentos de la historia del deporte americano. Hoy para comenzar voy a volver al año 1998, sexto partido de las finales de la NBA, Utah 86 – 83 Chicago, sólo 41,9 segundos para finalizar, balón para los Bulls y… pasó lo que tenía que pasar. No hay más palabras.
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